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¿Qué es el SIDA?A medida que la infección por VIH avanza, a lo largo del tiempo el número de linfocitos CD4 tiende a disminuir a la vez que la carga viral basal tiende a incrementarse. Esto significa que el S.I. va perdiendo paulatinamente su capacidad de contener al VIH y, con ello, también su capacidad para contener a otros agentes infecciosos a los que un S.I. sano mantiene bajo control. Llegado un cierto momento, algunos de estos agentes infecciosos que nunca nos producirían daño teniendo un S.I. saludable comienzan a darnos problemas. Los expertos han definido una serie de enfermedades, signos y síntomas que son característicos cuando una persona tiene su S.I. muy debilitado a causa del VIH y a los que, en conjunto, se les conoce como Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida o SIDA. A estas enfermedades, generalmente causadas por agentes infecciosos como bacterias, hongos y otros virus, se las denomina Infecciones Oportunistas, porque aprovechan la oportunidad de un S.I. debilitado para manifestarse. Para saber cuáles son, puedes consultar la tabla explicativa que aparece al final de esta guía. La experiencia en el seguimiento de personas con VIH desde el principio de la pandemia, hace más de 25 años, indica que hay un nivel de linfocitos CD4 a partir del cual el riesgo de comenzar a padecer uno o varios de los síntomas, signos y enfermedades que definen al SIDA se incrementa. Este nivel está por debajo de los 250 ó 200 CD4 para la mayoría de las personas. Sin embargo, es posible que una persona siga sin síntomas (asintomática) teniendo aún menos CD4 y que otras, con cifras superiores a esos 200 ó 250 ya manifiesten algún problema de salud. Por eso es muy importante el seguimiento médico, ya que permite prepararse para prevenir o evitar la aparición de las Infecciones Oportunistas. Es importante, si tu nivel de CD4 está próximo a esos límites y, aunque no hayas presentado aún ningún síntoma, evaluar con tu médico la posibilidad de comenzar a tomar medicación que sirva para evitar la aparición de las Infecciones Oportunistas. A esto se le llama profilaxis de las Infecciones Oportunistas. Si, llegados a este punto, comienzas a tomar también terapia antirretroviral, es posible que necesites tomar también la medicación de profilaxis de las Infecciones Oportunistas durante un tiempo, hasta que tu S.I. responda al efecto de los antirretrovirales y la carga viral descienda a la vez que el número de CD4 comience a recuperarse. Cuando esa recuperación se consolide y tu S.I. esté fortalecido, en la mayoría de los casos, ya no se hace necesario continuar con la profilaxis de las infecciones oportunistas y, siempre que el beneficio de la terapia antirretroviral se mantenga, las posibilidades de que el SIDA aparezca se reducen bastante. Es muy importante tener clara la diferencia entre ser seropositvo/a o portador/a del VIH y tener SIDA. Una persona es portadora del VIH desde el mismo momento en que se infecta. Aparte de los síntomas que se dan en la infección aguda, a las pocas semanas de haber adquirido el virus, la mayoría de las personas con VIH no manifiestan ningún signo ni síntoma durante mucho tiempo. Es por ello que, si una persona no se ha hecho nunca una prueba de detección de anticuerpos del VIH es probable que desconozca o ni siquiera sospeche que lleve el virus en su organismo. Una persona con VIH pero que tiene todavía un S.I. fuerte y una carga viral que se mantiene estable, puede hacer una vida completamente normal y continuar con sus actividades habituales: trabajar, estudiar, viajar, y seguir, además, con su vida sexual y afectiva. Sin embargo, es importantísimo cuidar la alimentación, hacer ejercicio físico regularmente, evitar adquirir enfermedades de transmisión sexual o volver a infectarse por el VIH y, naturalmente, evitar transmitir el virus a otras personas, poniendo en práctica la prevención en las relaciones sexuales, utilizando preservativo y evitando las prácticas de riesgo con intercambio de fluidos. Además, es muy importante también hacer un seguimiento médico de la evolución de la infección, lo cual permitirá saber cuál es el mejor momento para iniciar un tratamiento antirretroviral o si es preciso iniciar una profilaxis contra posibles infecciones oportunistas. Por todo ello, es fundamental saber si se tiene o no el VIH. En el año 2005 más del 40% de las personas a las que se les diagnosticó SIDA en España ni siquiera sabían que eran portadoras del VIH. Es decir, que no tuvieron la oportunidad de iniciar un seguimiento médico temprano y de iniciar la terapia antirretroviral para evitar, precisamente, la aparición del SIDA. Esto nos puede dar una idea del esfuerzo de información y educación que aún es necesario realizar en nuestro país. Las terapias antirretrovirales disponibles hoy consiguen retrasar durante muchos años la aparición del SIDA y prolongan ese período de estabilidad asintomática característico de las personas con VIH que aún tienen un S.I. lo suficientemente fuerte como para mantener un buen estado de salud general. En este sentido, la situación ha cambiado radicalmente durante los últimos diez años y las posibilidades de vivir mucho más tiempo y con mejor calidad de vida son una realidad para las PVVS, al menos en los países desarrollados y, en particular, en España y en Europa, donde los tratamientos, las pruebas y los servicios sanitarios que requiere una PVVS están cubiertos por la Seguridad Social. Sin embargo, esta prolongación y mejora de la vida ha traído nuevos problemas que las PVVS debemos afrontar. Muchos de estos problemas tienen que ver con la discriminación social, con las dificultades de integración y con los retos que plantea la reincorporación a la vida laboral activa. En los años 90 la lucha contra el SIDA consiguió movilizar, como nunca antes en contra de ninguna otra enfermedad, a distintos sectores de la sociedad, a las personas afectadas, pero también a distintos colectivos, a los profesionales sociosanitarios, a los agentes sociales y a los políticos, dando una respuesta global que fue fundamental para estimular los avances médicos y sociales de los que ahora nos estamos beneficiando. Se hablaba entonces de que el SIDA tenía dos dimensiones, una biológica y una social. La lucha en contra del SIDA biológico, esto es, del virus, ha avanzado mucho. La lucha en contra del SIDA social, que es la lucha por los derechos, por la información, la educación, la convivencia, la no discriminación y la visibilidad de las PVVS ha avanzado bastante menos. Por eso, las PVVS que hoy en día, gracias a los progresos frente al SIDA biológico, trabajan, estudian, se casan, tienen hijos, viajan y viven su sexualidad plenamente, y reclaman, como todas las demás personas, su visibilidad en el espacio público, ejercer sus derechos y que su voz se escuche, deben enfrentarse reacciones de discriminación, rechazo y conculcación de sus derechos, no sólo en su entorno de convivencia, sino especialmente a nivel laboral e incluso institucional. Desde un principio, hace ya más de 25 años, a la enfermedad como tal han ido asociados, desafortunadamente, el estigma y el prejuicio, relacionados precisamente con las vías de transmisión. La sexualidad, la diversidad sexual y el respeto a las minorías han sido y son temas pendientes en la educación y concienciación ciudadana. La creación de estereotipos relacionados con el VIH/SIDA es, por desgracia, aún hoy en día algo común. Esto no es nuevo en la historia de la humanidad, ya que ha sucedido así con otras patologías como la lepra, la peste, la sífilis o la tuberculosis, donde actitudes de esta índole han generado sentimientos de culpa y vergüenza en la población afectada. Lamentablemente el miedo, fruto del desconocimiento, ha alentado este tipo de comportamientos en la sociedad, donde aún hoy en día se genera rechazo ante la posibilidad de verse afectado por enfermedades poco conocidas. Esto es doblemente negativo, porque no sólo estigmatiza a las personas afectadas por el VIH/SIDA, haciéndolas más frágiles y vulnerables, sino que dificulta también, y mucho, las labores de información y sensibilización que son necesarias, no sólo para que la sociedad en su conjunto tenga una actitud más positiva, de apoyo e integración de las PVVS, sino también para que, a través de la educación, la sociedad esté prevenida frente al VIH, se reduzca la transmisión del virus y, mejorando la salud social, consigamos también que mejore la salud biológica. Es importante recordar que las PVVS juegan un papel primordial en todo esto, no sólo de cara a conseguir controlar el progreso de la enfermedad, sino como agentes “normalizadores” ante la sociedad de este fenómeno llamado SIDA. La información y el conocimiento sobre este problema son esenciales para saber llevar la enfermedad y convivir con ella, para compartir con los que hayamos elegido nuestra situación y dar un importante paso en lo que la convivencia normalizada se refiere. |
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